Combustión Fallera

La fiesta fallera, su concepción, su desarrollo y en definitiva su evolución, se han visto transformadas de una forma evidente en el último decenio

El monumento fallero es quizá el reflejo más evidente de esta paulatina e incontrolable transformación, y a pesar de las voces discordantes que surgen siempre a raíz de cualquier cambio, los artesanos falleros se han sumergido de lleno en un cambio productivo que difícilmente puede tener retroceso.

La fiesta fallera, su concepción, su desarrollo y en definitiva su evolución, se han visto transformadas de una forma evidente en el último decenio

 El monumento fallero es quizá el reflejo más evidente de esta paulatina e incontrolable transformación, y a pesar de las voces discordantes que surgen siempre a raíz de cualquier cambio, los artesanos falleros se han sumergido de lleno en un cambio productivo que difícilmente puede tener retroceso.

 

Las fallas han pasado de tener un apelativo tradicional, como era el de monumentos de "cartón piedra", para convertirse en fastuosas composiciones que elevan su magisterio artesano hasta cotas impensables en las primeras décadas del siglo pasado.

Sus artífices han dejado de lado los viejos talleres, para cada vez en mayor número instalarse en modernas infraestructuras donde las cabezas de cera, el barro y los moldes almacenados en la vieja naya han pasado a ser recuerdo de los más longevos.

El cartón piedra ha pasado a un segundo término y la utilización de productos sintéticos como el poliestireno expandido, conocido vulgarmente como corcho blanco, suponen el eje principal de la construcción fallera. Su ligereza así como su fácil condición para el modelado, han hecho de este material la materia prima imprescindible en cualquier obrador fallero. Independientemente a esta condición, la verborrea popular aduce como principal arma para su utilización la condición de ser un material más económico al utilizado tradicionalmente. Esta teoría es rebatida por la totalidad de artesanos, dado que el precio de coste es parejo al de la utilización de los clásicos cartones, el beneficio lo encontramos en la ya citada ligereza, su facilidad de modelado y su rapidez de ejecución. De esto último tuvimos cumplida muestra el pasado año tras el percance sufrido por la falla municipal, algo impensable bajo el formato constructivo utilizado en pasadas fechas. Hasta aquí todo serían ventajas, pero el problema surge cuando el monumento fallero finaliza su ciclo siendo absorbido por el fuego purificador. Aquellas llamas de vivo fuego que coronaban nuestra fiesta también han sido relegadas a un segundo término, las columnas de humo negro ocultan las lenguas sagradas y en breves instantes, al disipar su manto, nuestro esfuerzo ha desaparecido sin tiempo a concluir los acordes del maestro Serrano. Los detractores no se hicieron esperar, corcho, humo negro, ecología, capa de ozono, protocolo de Kioto, palabras inconexas que unidas han generado cierta alarma social en muchos casos justificadas sólo en el desconocimiento. Nadie puede negar la evidencia, los niveles de ozono troposférico, azufre, óxidos de nitrógeno o partículas en suspensión elevan sus cotas en la noche de San José, pero, ¿hasta qué punto son de una relevancia extrema? Cartón y corcho, dos palabras, dos épocas. En primer lugar analizaremos de una forma lo más escueta posible, quién es este monstruo de cuatro cabezas denominado poliestireno expandido.

EPS

 Al poliestireno expandido se le conoce vulgarmente como EPS, poliexpán o corcho blanco. Es un plástico de composición celular, normalmente blanco, rígido y ligero. Fabricado a partir del moldeo con vapor de agua de perlas de materia prima, que es el poliestireno expansible, se obtiene a partir del monómero de estireno, un líquido cuyas moléculas se polimerizan, dando origen a las macromoléculas de poliestireno. Es, por lo tanto, un derivado del petróleo, que también se encuentra de modo natural en alimentos tales como las fresas, las nueces y las alubias. La materia prima obtenida se presenta en formas de perlas de poliestireno que contienen en su interior un agente de expansión, el pentano, en un porcentaje entre 6-7%; las perlas obtenidas de poliestireno expandible son secadas por aire; posteriormente clasificadas según granulometría mediante zarandas y se les agregan aditivos para mejorar su posterior transformación, las que les confieren ciertas propiedades al material expandido entre ellas mejorar la soldadura y eliminar la estática. Posteriormente, la materia prima se envasa en contenedores.Este material es utilizado habitualmente en construcción, como aislante térmico y como material aligerante.

 También es muy utilizado en la industria como material de embalaje o en el sector de la alimentación como envase de frutas, pescado, carnes, helados, etc. Empresas varias requieren igualmente sus servicios para la realización de artículos de toda índole, juguetes, salvavidas y un sinfín de productos que sería tediosa su relación.

El EPS no supone ningún riesgo para la salud ni el medio ambiente. No contiene sustancias tóxicas ni genera hongos ni bacterias y es 100% reciclable. Es, por lo tanto, según todos los informes, un producto ecológico.

Su extraordinaria capacidad para el aislamiento térmico se debe a la estructura del material cuya composición principal es el aire ocluido dentro de una estructura celular conformada por el poliestireno; y algo sobradamente demostrado es la calidad como aislante que genera el aire en reposo. Aproximadamente un 98% del volumen del material es aire y únicamente un 2% materia sólida (poliestireno)

Para finalizar este sintetizado análisis del material, diremos que su uso cotidiano concluye reciclándolo para su reutilización o bien recuperando la energía térmica contenida para uso de calefacciones locales o para la generación de electricidad mediante su incineración en plantas energéticas.

Papel/Cartón

La utilización del papel supone otro de los pilares constructivos de nuestros monumentos, la utilización de este producto no ha generado nunca de una forma airosa el rechazo por parte de la ciudadanía pero existen ciertos datos dignos de ser considerados.

Los americanos, muy metidos siempre en el campo de las estadísticas, nos informaban que para imprimir únicamente los diarios de los domingos se utilizan la escandalosa cifra de 50.000 árboles. Siguiendo con ese mismo baile de números decirles que para que un árbol pueda ser talado su edad tiene que ser entre 3 y 5 años.

Estas frías cifras muestran la justificación aparente de la continua destrucción de bosques para satisfacer la demanda existente, y la necesidad imperiosa de buscar un sustituto a la desertización patente en nuestro días, algo que repercute, como bien es sabido, en la destrucción del ecosistema de miles de especies, la pérdida de fertilidad en los terrenos y la relación directa con el recalentamiento global; los árboles generan oxígeno, su disminución hace aumentar la cantidad del dióxido de carbono producido por los actuales vehículos, originando el conocido efecto invernadero y el calentamiento global.

Los efectos ocasionados tanto por la falta de oxígeno, como por el excesivo calor, afectan directamente a la propia salud del hombre, la naturaleza tiene su equilibrio, y alterar ese orden supone graves consecuencias.

Los estudios realizados han generado una alarma social que ha forzado a los respectivos organismos a fortalecer el estudio sobre las técnicas de reciclado. El reciclaje del papel fue uno de los primeros en implantarse en nuestra sociedad. En primer lugar fueron los países menos desarrollados, luego la fiebre o modo ecológico, en ocasiones justificada, amplió su campo de acción a la totalidad del planeta.

Para este proceso de reutilización se tritura el papel usado con ayuda de agua, transformándolo en pulpa. Tras su filtrado, se genera una mas blanca que se alisa y extiende lo más posible, agregándole sustancias químicas para eliminar las tintas. Para producir 1.000 Kg. De papel de primera calidad se precisan 2.385 Kg. De materia prima, 440.000 litros de agua y 7.600 Kw de energía. Para producir papel de calidad media, las cifras disminuyen, para unos 1.710 kg. De materia, 280.000 litros de agua y 4.750 Kw de energía. Para el papel reciclado sólo se utilizan papeles de descarte, 1.800 litros de agua y 2.750 Kw de energía.

En lo puramente fallero se puede afirmar que los propios artesanos falleros fueron los primeros en utilizar el reciclado, de siempre han recogido cartón y papel para reutilizarlo en sus obras. Podemos afirmar que el 99,9% del papel utilizado para los monumentos falleros es papel reciclado.

El papel o cartón es un hecho evidente, pero si existen otros detonantes que incomodan a un cierto grupo de vecinos es, sin lugar a dudas, la contaminación acústica. La fiesta fallera es jocosa, es abierta, la mayoría de sus acto se celebran en la calle y esto genera molestias. Si hacemos un pequeño comparativo con la vida cotidiana nos encontraremos un caso similar al manido tema de la contaminación producida por las partículas que emergen del monumento fallero tras la cremá. Existen pico de decibelios demostrables en cual retrasmisión televisiva de las tradicionales mascletaes de la semana fallera, pero si comparamos los picos producidos a la misma hora y en diversa vías públicas de nuestra ciudad podremos llegar a sorprendernos por una contaminación acústica más constante, aunque pueda llegar a ser ligeramente inferior al terremoto final de cualquiera de los disparos dispuestos en la plaza del Ayuntamiento.

De igual manera las partículas contaminantes emanadas en el ocaso de la fiesta pueden llegar a superar cifras de 130 microgramos por metro cúbico, pero un día normal existen picos en nuestra ciudad que rondan los 90 microgramos, estableciéndose una media diaria que ronda los 60 microgramos.

Los vehículos, máximos exponentes de la contaminación urbana y a gran escala, muestran números que favorecen a la fiesta de forma ostensible. Mientras un día normal el tráfico que circula por el puente de la Trinidad puede superar fácilmente los 80.000 vehículos, un día de fiesta grande no alcanzará los 20.000 automóviles.

Este hecho muestra a las claras que gracias a la semana festiva, nuestra ciudad descansa de forma evidente de la contaminación diaria emanada por los tubos de escape de nuestros sonoros y contaminantes vehículos. Dicho esto, no nos queda más que volver al monstruo de cuatro cabezas llamado poliestireno expandible y a su feo manto de humo negro.

La combustión del EPS produce humo negro, esto es innegable, elimina el carácter romántico de nuestras tradicionales cremaes, pero la toxicidad de los humos liberados es considerablemente menor que aquellos liberados por otros materiales de uso común.

Esta afirmación se basa en los diferentes estudios realizados para comprobación del comportamiento de este material en la construcción y su resultado frente a incendios de grandes dimensiones. Igualmente es avalada por las investigaciones realizadas con el método DIN 53436.

 Entre otros, los materiales utilizados como comparativo fueron maderas, aglomerados, lanas, algodón, caucho, fieltro o cuero, y es curioso encontrarnos que el nivel de contaminantes emanados por el EPS es ligeramente inferior al de la madera de pino, tan usada en nuestro monumentos falleros, o las lanas o algodones, cuya frecuencia de uso era altamente generalizada en las fallas de décadas pasadas.

"Los humos del EPS presentan, como mucho, un nivel de toxicidad equivalente o incluso inferior al de los humos procedentes de los productos naturales en todo el rango de temperaturas estudiado. El resultado del EPS es muy bueno basado en el volumen de las probetas, debido a la extrema baja densidad y ligereza del EPS (98% de aire) ".

En resumen, las fallas han evolucionado, sus monumentos también, los ingresos y el beneficio que generan a nuestra sociedad son infinitamente superiores al de otras muchas empresas de servicios y una semana de fiestas no generó ni generará un nuevo agujero en la capa de ozono.

Ya hablaremos de pinturas y barnices, ya que quizá los óleos y barnices de antaño, o las pinturas con compuestos de plomo y actualmente casi erradicadas por su peligrosidad, muestran a las claras la evidente mejoría medioambiental también en este campo.

La fiesta debe ser respetuosa con el medio ambiente, como deben serlo cada uno de los miembros que componen nuestra ciudad, pero no busquemos cómo encontrar armas arrojadizas contra uno de los colectivos que mayor beneficio aportan a nuestra ciudad, incluido el económico, y que a su vez siempre ha tenido la mano y lo debe seguir haciendo hacia una fiesta y una ciudad más saludable, responsable con el ecosistema, pero empezando desde las propias comisiones como compromiso de la ciudadanía en conjunto, no sólo la fallera.

(Reseña: De Actualidad Fallera-marzo 2007)